Por encima de lo esperado
El evento captó la imaginación del público y atrajo a unas 50.000 personas, muy por encima de la capacidad del estadio1. Cuando los discos se lanzaron, produciendo una enorme explosión y dejando un gran cráter, miles de aficionados envalentonados invadieron el campo, arrancaron el césped, encendieron hogueras, destruyeron la zona de bateo y robaron bases.
Lamentablemente, el disturbio y los daños resultantes dejaron el campo inutilizable y el segundo partido tuvo que darse por perdido a favor de los Tigers. Las pérdidas del evento, cuyas entradas costaban solo 98 centavos de la época, no fueron elevadas. Pero los daños en el campo, la pérdida de ingresos por el partido anulado y la posterior publicidad negativa añadieron costes que tuvieron que asumir los White Sox.

