Catástrofes en cascada
Otro tipo de cascada llegaría más de dos siglos después, no desde la profundidad de la tierra, sino en forma de código. El 2 de noviembre de 1988, un estudiante de 23 años llamado Robert Morris lanzó lo que se convertiría en el Gusano Morris, el primer ciberataque2 a gran escala. En 24 horas, el gusano había infectado unos 6.000 ordenadores3, explotó vulnerabilidades en sistemas Unix y provocó la paralización de redes militares y académicas.
Aunque no se destruyó ningún dato, causó un grado de disrupción notable. Correos electrónicos quedaron sin enviar durante días. Los sistemas se congelaron. El coste de recuperación se estimó en 10 millones de dólares.
Más importante aún, el gusano expuso la fragilidad de los sistemas digitales en los que empezábamos a confiar, y marcó el inicio de la ciberseguridad como disciplina.

